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No hay vuelta de hoja: los golpistas tienen que irse de Casa Presidencial; cada día crece desmesuradamente la repulsa contra ellos.
En el plano externo, ya se sabe: la comunidad internacional unánimemente procura por que se vayan, antes de que se desencadene un holocausto que nadie quiere.
Internamente, derrotado el cerco mediático, la resistencia inclinó la balanza a su favor: lo confirman las marchas gigantes que todos los días se organizan en las principales ciudades del país.
En realidad, los golpistas se están quedando solos: nada más les quedan el ejército la policía y los empresarios extranjeros, socios intelectuales y materiales en la aventura del golpe. Y con un agravante más: la unidad granítica del ejército, es una falacia. No puede haber unidad donde cualquier decisión se toma por vía de la imposición. Ninguna guerra se gana con soldados forzados, se requiere voluntad y convicción. Eso no se ve por ningún lado, ni en la oficialidad ni en la tropa.
Tampoco es segura, la unidad de los diez capitalistas que se afanan por mantener esta crisis: ellos compiten por el control de las ganancias. Están al acecho como tiburones para defender sus pingues negocios. Entre ellos no hay amigos solo intereses. Más temprano que tarde, entonces, aflorarán sus contradicciones y, por esta, razón, sus delirios de poder absoluto, se vendrán abajo como un castillo de naipes.
Viendo el panorama desde esta óptica, es razonable que los golpistas recojan sus bártulos, sin oponer resistencia y, sin condiciones, abandonen Casa Presidencial. No es una cuestión de subjetividad, sino más bien la descarnada pragmática que debe poseer todo político, cuando sabe que los signos de la realidad histórica le son adversos.
De no ser objetivos en sus análisis, y continúan con sus pretensiones de mantenerse en el poder, por encima de los rechazos unánimes, los golpistas sumirían este país en una violencia sin par, y con el agravante que podría regionalizarse el conflicto interno, dada la maraña de interrelaciones que posee a nivel del continente americano.
Es necesario, entonces, lo reiteramos, que los golpistas reflexionen, cuanto antes, y organicen una retirada, antes de que sea demasiado tarde. Deben sacrificar sus intereses de grupo por los intereses de la nación. Es necesario abandonar posiciones que ya no encajan con el entorno político y social de todos los países, incluyendo el nuestro.
Estamos viviendo otros tiempos, donde los cambios en todos los órdenes, forman parte de la cultura actual, una cotidianeidad que solo a los cavernícolas asusta.
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